Tegucigalpa, Honduras. – El nuevo incremento al precio del diésel vuelve a encender las alarmas en el sector de transporte de carga pesada, donde varios empresarios advierten que operar sus unidades se está volviendo cada vez menos sostenible.
El representante del rubro, Óscar Aguilera, señaló que el diésel ha sido el carburante más golpeado por los aumentos recientes, situación que impacta directamente los ingresos de quienes movilizan mercancías, alimentos, insumos y productos en distintas zonas del país.
A partir del nuevo ajuste, el galón de diésel registrará un alza de 4.80 lempiras en la capital y de 4.63 lempiras en la zona norte.
Para Aguilera, este aumento se suma a una escalada que ya acumula más de 50 lempiras en los últimos meses, presionando con fuerza las finanzas del sector.
El dirigente explicó que algunos transportistas ya comenzaron a detener sus unidades porque los costos de operación superan las ganancias.
“Ya hay compañeros que de repente los números no les dan para poder operar con sus unidades y han preferido mejor parar sus unidades porque no se puede estar trabajando en números rojos”, manifestó.
El problema, advirtió, no se limita únicamente al precio del combustible.
El aumento del diésel también llega acompañado de mayores costos en productos esenciales para el mantenimiento de los vehículos, como llantas, aceites y repuestos.
Esa combinación reduce aún más el margen de operación de los transportistas y amenaza con provocar un efecto en cadena sobre otros sectores de la economía.
El transporte de carga pesada es clave para el traslado de alimentos, materias primas, productos comerciales e insumos industriales, por lo que cualquier aumento en sus costos puede terminar reflejándose en los precios finales que pagan los consumidores.
Aguilera sostuvo que el sector atraviesa una situación crítica y que muchos empresarios enfrentan la disyuntiva de seguir trabajando con pérdidas o detener temporalmente sus unidades.
La advertencia ocurre en un contexto de constantes incrementos en los carburantes, especialmente en el diésel, considerado uno de los combustibles más sensibles para la actividad productiva y comercial del país.
Para el rubro, la presión ya no solo amenaza la rentabilidad de las empresas transportistas, sino también la estabilidad de la cadena de distribución nacional.












