Ciudad del Cabo, Sudáfrica.— Hay momentos en que el espacio no solo se conquista; se comparte. Este miércoles, en su última rueda de prensa desde la nave Orión, la tripulación de Artemis II expresó su deseo de volver a la Tierra para «pasar la batuta» a los astronautas que algún día caminarán sobre la Luna, cerrando con reflexión una misión histórica que los convirtió en la primera tripulación en orbitar el satélite natural en más de 50 años.
«Parte de nuestra ética como tripulación y nuestros valores desde el comienzo fueron que esta es una carrera de relevos. De hecho, para simbolizar físicamente, trajimos batutas, que planeamos entregar a la próxima tripulación», compartió Christina Koch, especialista de misión de la NASA, en un mensaje que combina simbolismo con propósito.
Para el piloto Victor Glover, el momento que más anhela es el regreso a la Tierra este viernes, cuando amerizarán en el Pacífico frente a las costas de California a las 20:07 horas del este de Estados Unidos (00:07 GMT del sábado). «Hay mucha información que ya han visto, pero todo lo bueno está regresando con nosotros. Hay muchas más imágenes, tantas historias y, Dios, ni siquiera he empezado a procesar por todo lo que pasamos», confesó el astronauta, al reconocer que incluso el viaje de retorno —»una bola de fuego a través de la atmósfera»— forma parte de la experiencia profunda que vivirán.
Artemis II representa la primera misión tripulada del programa de la NASA que, tras enviar una nave sin astronautas en 2022, busca establecer las bases para una futura base estadounidense en la Luna y, eventualmente, la exploración humana de Marte. Un programa que no avanza por saltos aislados, sino por una cadena de esfuerzos donde cada tripulación prepara el camino para la siguiente.
Pese a los desafíos logísticos —problemas con el inodoro, olores y el compartir un espacio reducido con otras tres personas—, Koch aseveró que la tripulación «ha amado habitar la nave Orión» y que «no hay nada que no extrañarán» de vivir en el espacio.
«Extrañaré la camaradería. Extrañaré estar tan cerca de tanta gente y tener un propósito en común, una misión en común, trabajar duro en ella todos los días, a lo largo de cientos de miles de millas, con un equipo en tierra», relató la astronauta, en una reflexión que humaniza la hazaña técnica.
Para Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense, la misión reforzó una convicción: «los humanos deben crear soluciones juntos en lugar de destruir». «No ha cambiado mi perspectiva o la perspectiva con la que despegué, que fue que vivimos en un planeta frágil en un vacío, en el vacío del espacio. Lo sabemos por la ciencia. Somos muy afortunados de vivir en el planeta Tierra», subrayó, en un mensaje que trasciende lo espacial para tocar lo esencial.
El comandante de la misión, Reid Wiseman de la NASA, compartió que el momento cumbre ocurrió cuando sus compañeros propusieron nombrar un cráter lunar en honor a su difunta esposa, Carroll, justo el lunes, cuando pasaron por la cara más oculta del cuerpo celeste.
«Ese fue el momento cúspide de la misión. Para mí, eso fue cuando los cuatro estuvimos lo más unidos, lo más enlazados, y salimos de eso realmente concentrados en el día por delante», mencionó, en una declaración que revela cómo lo personal y lo profesional se entrelazan en la exploración espacial.
Los astronautas dedicarán su último día entero en el espacio a preparar técnicamente la nave para su reingreso a la atmósfera, mientras en la Tierra la NASA y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos ultiman los detalles para su recepción. Una operación que, más allá de la logística, celebra el regreso de cuatro exploradores que llevaron consigo no solo instrumentos científicos, sino también la esperanza de que la humanidad puede alcanzar las estrellas sin perder de vista lo que nos une en la Tierra.
Mientras el mundo espera su amerizaje, el mensaje que deja Artemis II es claro: la exploración espacial no es una competencia por ver quién llega primero, sino un esfuerzo colectivo donde cada logro prepara el siguiente. Porque al final, más allá de las batutas simbólicas y las órbitas lunares, lo que importa es que humanos de diferentes naciones sigan mirando hacia arriba con la misma pregunta: ¿qué podemos construir juntos, en vez de destruir?


