Washington, Estados Unidos. – La guerra política entre la administración Trump y los demócratas en el Senado encontró este lunes un nuevo frente de batalla: los aeropuertos estadounidenses.
El zar de la frontera de la Casa Blanca, Tom Homan, confirmó este domingo que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) serán desplegados a partir de este lunes en los principales aeropuertos del país para aliviar la carga de trabajo de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA), cuyos empleados llevan sin cobrar desde febrero.
El propio presidente Donald Trump lo había advertido con claridad: si los demócratas no aprobaban el financiamiento de la TSA, mandaría al ICE a hacer el trabajo. Y cumplió. En un mensaje publicado en su red Truth Social, el republicano fue directo: «Espero con ansias la llegada de ICE el lunes, y ya les he dicho: ‘¡Prepárense!'», escribió el mandatario, confirmando que ya giró instrucciones formales para el despliegue.
Homan, en entrevista con el programa ‘State of the Union’ de la cadena CNN, defendió la medida asegurando que los agentes del ICE ayudarán a la TSA «a cumplir su misión y a que el público estadounidense pase por los aeropuertos lo más rápido posible, respetando todas las normas y protocolos de seguridad».
El funcionario precisó que el rol del ICE se limitará a «áreas que no requieren conocimientos especializados», como vigilar salidas, liberando así a los agentes de la TSA para concentrarse en las máquinas de escaneo y agilizar el flujo de pasajeros.
El origen de esta crisis se remonta a la agresiva política migratoria de Trump. El Senado rechazó el pasado viernes, por quinta vez consecutiva desde febrero, el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que dependen tanto la TSA como las agencias migratorias, que lleva ya cinco semanas en cierre parcial.
La negativa demócrata nació tras la muerte de dos ciudadanos de Mineápolis a manos de agentes federales durante las redadas migratorias masivas activadas por Trump en el estado de Minnesota en enero pasado.
Las consecuencias de la falta de pago a los trabajadores de la TSA ya son visibles. Cientos de funcionarios han solicitado bajas o renunciado, generando larguísimas filas en aeropuertos de alto tráfico como Atlanta, el JFK de Nueva York y el de Nueva Orleans, en un escenario que la administración Trump aprovecha para justificar una medida que sus críticos califican como una mezcla peligrosa entre seguridad aeroportuaria y control migratorio.


