Washington. – Con un recibimiento inusual, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se trasladó personalmente hasta la base aérea Andrews, a las afueras de Washington, para recibir a pie de pista al presidente de China, Xi Jinping, quien llegó este miércoles al país para su primera visita de Estado a la Casa Blanca en más de una década.
El mandatario chino aterrizó a las 17:40 horas (21:40 GMT) a bordo de un avión de la aerolínea estatal Air China. Permanecerá en territorio estadounidense hasta el 25 de septiembre, en el marco de un viaje que busca aliviar las crecientes tensiones entre las dos principales potencias mundiales.
El gesto de Trump de recibir a Xi directamente en pista subraya la importancia que la Casa Blanca concede a este encuentro, que además marca un hito diplomático: se trata de la primera visita de Xi a la sede presidencial estadounidense desde la que realizó en 2015, cuando fue invitado por el entonces presidente Barack Obama.
También es el tercer encuentro entre ambos mandatarios desde el regreso de Trump al poder, después de los sostenidos en octubre del año pasado en Busan, Corea del Sur, y el pasado mayo en Pekín.
Taiwán, IA y la tregua arancelaria en la agenda bilateral del jueves
La jornada central de la visita se desarrollará este jueves, cuando ambos líderes sostengan una reunión bilateral en la Casa Blanca. En ese encuentro abordarán algunos de los principales focos de tensión entre Washington y Pekín: la tregua arancelaria, la guerra de Irán, el futuro de Taiwán y la carrera por el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
Aunque no se esperan grandes acuerdos de la reunión, se prevé que ambos mandatarios mantengan el tono cordial que ha caracterizado sus encuentros previos, en los que han apostado por preservar los canales de diálogo y destacar su relación personal, pese a las profundas discrepancias entre sus respectivos gobiernos.
La agenda del miércoles por la noche incluye además un gesto de cortesía diplomática: Trump y la primera dama, Melania Trump, ofrecerán a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, una cena de Estado en la residencia presidencial, con la que el mandatario estadounidense busca corresponder a la intensa agenda de actos oficiales que Pekín organizó durante su propia visita a China.
El viaje de Xi concluirá el viernes con una visita conjunta a los Archivos Nacionales de Estados Unidos, donde se custodian la Constitución y la Declaración de Independencia del país, en un año en el que Estados Unidos conmemora el 250 aniversario de su independencia.
Washington reconoce discrepancias, pero insiste en mantener el diálogo
Antes de la llegada de Xi, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, defendió este miércoles que su país y China tienen «la obligación de interactuar y hablar al más alto nivel», pese a sus «importantes discrepancias».
Por su parte, el embajador chino en Washington, Xie Feng, sostuvo en un artículo que ambas potencias necesitan una «estabilidad estratégica constructiva», una fórmula que, según explicó, «no es un eslogan», sino un llamado a actuar «en la misma dirección».
La visita se produce en un momento de relativa distensión comercial entre ambos países, aunque persisten disputas de fondo relacionadas con tecnología, minerales estratégicos, Taiwán y la relación de China con Irán.













