Tegucigalpa, Honduras. – Honduras exporta más de 1,100 millones de euros anuales hacia el mercado europeo, una cifra que suena impresionante hasta que se desglosa: más del 80% de esos envíos son materias primas, lo que significa que el país está cediendo a otros la mayor parte del valor, el empleo y los beneficios que sus propios recursos naturales podrían generar.
Esa es la realidad que el Embajador de la Unión Europea (UE) en Honduras, Gonzalo Fournier, puso sobre la mesa este viernes con una claridad que el debate económico hondureño necesita escuchar.
«Queremos ayudar a que los hondureños exporten productos procesados. Incorporar valor agregado es fundamental porque es lo que realmente genera más empleo», afirmó Fournier, en una declaración que resume el principal reto que la UE identifica en su relación comercial con Honduras y que apunta directamente a sectores como el café, el cacao y la palma africana, productos que el país exporta mayoritariamente en bruto, transfiriendo a los mercados de destino la cadena de transformación que podría estar generando trabajo y riqueza dentro del territorio nacional.
El diplomático reconoció que el vínculo comercial entre ambas regiones es sólido, sustentado en cifras consolidadas al 2024 que confirman a Europa como uno de los principales destinos de las exportaciones hondureñas.
Sin embargo, subrayó que ese volumen podría crecer de manera significativa —y con mayor impacto en el desarrollo económico del país— si Honduras logra dar el salto de exportador de materias primas a exportador de productos con valor agregado, en un modelo que la UE dice estar dispuesta a apoyar de manera activa junto al Gobierno hondureño.
En materia de inversión, el panorama que describe Fournier es alentador: la inversión europea representa actualmente el 21% del total de la Inversión Extranjera Directa (IED) en Honduras, y existe lo que el embajador calificó como un «optimismo racional» sobre el crecimiento de esas cifras.
El factor que más ha contribuido a ese clima positivo es la seguridad jurídica, y en ese punto Fournier destacó expresamente el retorno de Honduras al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) como un hito que ha despertado el interés de más empresas europeas que ahora ven al país como un destino «seguro y estable» para sus capitales.
El embajador también introdujo una dimensión que va más allá de lo comercial y que las empresas hondureñas exportadoras no pueden ignorar: la sostenibilidad ambiental. Fournier hizo hincapié en la importancia de alinearse con las normas ambientales de la Unión Europea, señalando que estas no solo protegen la biodiversidad sino que garantizan que los productos hondureños sean competitivos en un mercado global cada vez más exigente con la huella ecológica de lo que consume.
Y en ese punto, Honduras tiene una ventaja estructural que el propio embajador reconoció: «Es muy conveniente para Honduras que es un país de naturaleza forestal», en una referencia a los activos ambientales que el país posee y que, bien gestionados, pueden convertirse en una ventaja competitiva en los mercados europeos más sofisticados.


