Tegucigalpa, Honduras. — El agua ya no llega todos los días a todos los grifos. La Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS) intensificó el plan de distribución programada y sectorizada en Tegucigalpa, Comayagüela y sus aldeas, ante la reducción crítica de los niveles en las represas que abastecen a la capital.
La medida no es opcional: es una respuesta técnica a un escenario de alto riesgo hídrico que obliga a administrar cada gota con criterios de equidad y responsabilidad.
Gustavo Boquín, gerente de la UMAPS, explicó que el sistema enfrenta una alta presión operativa. Por un lado, el almacenamiento disponible se ha reducido; por otro, la demanda aumenta durante la temporada seca.
La combinación de ambos factores obliga a tomar decisiones difíciles pero necesarias. «Estamos tomando decisiones técnicas para administrar responsablemente el agua disponible y procurar que más familias reciban abastecimiento de forma ordenada», manifestó el funcionario.
Los números reflejan la urgencia. La represa Los Laurales registra un nivel de 37,87 % de su capacidad, mientras que La Concepción opera con 45,4 %. Ambas se encuentran por debajo del 50 %, un umbral que activa protocolos de racionamiento para evitar un deterioro mayor del sistema y sostener la cobertura en la mayor cantidad de sectores posible.
Como parte del plan operativo, algunos sectores —especialmente aquellos con mayores dificultades de presión, elevación topográfica o limitada capacidad de almacenamiento interno— están recibiendo el servicio en períodos de hasta cinco o seis días.
No se trata de un corte arbitrario, sino de una rotación calculada para distribuir el recurso de manera equitativa mientras se mantienen los niveles mínimos de operación.
El contexto climático añade complejidad al panorama. De acuerdo con pronósticos internacionales, existe una alta probabilidad de desarrollo del fenómeno de El Niño durante 2026, con posibilidad de extenderse hasta el invierno 2026-2027 en el hemisferio norte.
Ante este escenario, la UMAPS mantiene un monitoreo permanente de las represas, las fuentes de producción y el comportamiento de la demanda, con el fin de ajustar la operación en tiempo real.
Boquín aseguró que, pese al nivel hídrico crítico, la institución cuenta con un plan de respaldo y control en la medición para optimizar el sistema de distribución. El objetivo es manejar responsablemente los niveles de los embalses y garantizar un racionamiento equitativo para toda la población de la capital, sin privilegiar zonas ni dejar desatendidos sectores vulnerables.
El llamado a la ciudadanía es claro: evitar el desperdicio, reparar fugas internas, almacenar agua de forma responsable y hacer un uso racional del recurso. Cada acción individual cuenta cuando el sistema opera al límite. La UMAPS se comprometió a informar oportunamente sobre la evolución de los niveles en las represas y los ajustes necesarios en la programación del servicio, para que las familias puedan organizarse con anticipación.
En un país donde el acceso al agua es un tema sensible, la transparencia en la gestión y la corresponsabilidad ciudadana se vuelven claves. Mientras la naturaleza impone sus condiciones, la institución apuesta por la planificación técnica y el diálogo con la población para atravesar este periodo de escasez sin colapsar el servicio ni dejar a nadie atrás.















