Tegucigalpa, Honduras.— Las derrotas electorales suelen abrir debates internos, pero también pueden fortalecer la narrativa de resistencia. Manuel Zelaya Rosales, expresidente y coordinador general del Partido Libertad y Refundación (Libre), defendió este miércoles el bajo número de votos que la institución obtuvo en las elecciones generales de 2025, asegurando que el resultado «no es el de la verdad, es una elección impuesta».
Zelaya aseguró que su derrota se debió a errores internos: «Libertad y Refundación ha padecido de una enfermedad de exceso de democracia que existe internamente, nosotros hemos sido ampliamente tolerantes», expresó el líder partidario, en una reflexión que busca equilibrar la autocrítica con la reivindicación de un estilo de conducción abierto.
En ese contexto, garantizó que el partido tiene amplias posibilidades de triunfo en las próximas elecciones. De tal forma estimó que Rixi Moncada ya tiene «el derecho ganado» para participar en los próximos comicios como candidata presidencial. «No podrán clausurar un partido tan fuerte», declaró el coordinador general de Libre, al descartar que su instituto político pueda ser desplazado del escenario nacional.
Raíces populares y representación estatal
Zelaya manifestó que la persona jurídica de Libertad y Refundación no podrá ser retirada, al tratarse de una organización con raíces populares que no puede ser eliminada por decisiones administrativas. De la misma forma, sostuvo que, pese a la intención de retirar su representación en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y Tribunal de Justicia Electoral (TJE), Libre mantiene presencia en distintos niveles del Estado.
«Tenemos representación en el Congreso Nacional, alcaldías, magistrados y miles de empleados públicos», afirmó, al tiempo que destacó que el partido «es orgánico» y tiene base en sectores de trabajadores. Una estructura que, según su versión, blindaría a la organización frente a intentos de marginación institucional.
El exmandatario advirtió que cualquier intento de limitar la participación de Libre en los órganos electorales podría generar una reacción social: «Nos quitan un representante electoral y lo que van a hacer es enardecer un pueblo en contra de ellos», expresó en un tono que busca movilizar a la base militante.
Denuncias de injerencia y cuestionamientos al sistema
Durante sus declaraciones, Zelaya reiteró su postura crítica sobre el sufragio de 2025, el cual considera que no se desarrolló en condiciones de libertad. Aseveró que hubo coacción y denunció presiones externas. «Ese resultado no es el de la verdad, es una elección impuesta», manifestó, al acusar que el gobierno actual «está por una imposición de los Estados Unidos».
Acusó los juicios políticos como una «forma de justificar el fraude electoral» y que existe una intención de perpetuarse en el poder. «Los que hicieron el fraude juzgan a los que denunciaron el fraude, los eliminan como testigos», expresó, en una afirmación que busca cuestionar la legitimidad de los procesos de destitución de funcionarios afines a su partido.
También lanzó señalamientos sobre presuntas presiones dentro del sistema judicial, al referirse a la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Rebeca Ráquel Obando. «Yo entiendo que le pusieron una pistola en la cabeza, políticamente», declaró, al describir un escenario de coacción que, según su criterio, afecta la independencia de los poderes del Estado.
Un dato personal: la salud de Carlos Zelaya
En medio de las declaraciones políticas, Zelaya reveló que su hermano Carlos Zelaya se ha sometido en México a varias sesiones de quimioterapia para eliminar células cancerígenas de su cuerpo. Un anuncio que humaniza la figura del líder partidario y recuerda que, detrás de la retórica política, existen realidades familiares que atraviesan a todos.
Para los simpatizantes de Libre, las palabras de Zelaya representan un llamado a la resistencia; para los observadores políticos, el desafío es distinguir entre la narrativa de denuncia y la evidencia concreta que sustente las acusaciones.
Mientras se acercan las audiencias para la selección de nuevos miembros del CNE y TJE y se definen las estrategias de los partidos de cara al futuro, el mensaje que queda en el aire es claro: la democracia se fortalece con competencia, no con exclusión, y cada voz, aunque disidente, forma parte del ecosistema político que Honduras necesita construir.
Porque al final, más allá de las acusaciones y las apuestas electorales, lo que importa es que el país avance hacia un sistema donde las diferencias se resuelvan en las urnas, con transparencia y respeto a la voluntad popular.


